
Danzan tus manos
como gotitas de lluvia
en la seca llanura de mí cuerpo.
Me humedeces
abriéndome cauces...
Navegas
y
tiemblo.
Lo imposible se conjuga
con lo inevitable
en tu ansiado rescoldo
y te abrazo, ya sin huída.
Ahora soñarte no me basta
requiero tu presencia